El empuje financiero de la tecnología está afectando a los reguladores

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Propuestas como la nueva moneda de Facebook desafían las reglas establecidas y hacen necesaria una respuesta global conjunta que será difícil

Las grandes empresas de tecnología han dado un vuelco a industrias que van desde la música hasta la venta al por menor. ¿Cuál será su impacto negativo en los servicios financieros? Ese es el último enigma que mantiene a los reguladores bancarios sin pegar ojo por las noches. Innovaciones como la nueva moneda digital global de Facebook, Libra, exigen una respuesta conjunta. Y eso será difícil de acordar.

Las empresas de tecnología han estado horadando en partes de la industria bancaria durante años. En algunos países, la inmersión es casi completa. Alipay, el servicio de pagos creado por el gigante chino de comercio electrónico Alibaba, cuenta con mil millones de usuarios. Las grandes empresas de tecnología obtuvieron el 11% de sus ingresos combinados de servicios financieros el año pasado, según el Banco de Pagos Internacionales. Aunque la mayor parte de esa cantidad provino de Asia, los advenedizos están haciendo incursiones en el oeste.

El ataque plantea a los reguladores un desafío de cuatro dimensiones. Para empezar, la tecnología digital permite nuevos productos que no encajan perfectamente en las categorías financieras estándar: por ejemplo, Libra. Facebook dice que la moneda será un token digital estable respaldado por activos en una serie de monedas, aunque los usuarios no recibirán los intereses de esos activos. Algunos reguladores pueden considerar que esto es similar a un depósito bancario. Otros podrían concluir que se trata más bien de una inversión en un fondo. La imagen podría hacerse más clara a medida que Facebook explica cómo los usuarios comunes adquirirán y utilizarán Libra. El peligro, sin embargo, es que se trate de manera diferente entre los países, lo que permite que el producto en ciernes se escabulla a través de las lagunas de las normas existentes.

La segunda preocupación es que las empresas revolucionarias socaven el sistema existente. La tecnología es buena a la hora de exponer y atacar las debilidades previamente ocultas. TransferWise, que ofrece pagos transfronterizos baratos, ya está haciendo la vida más difícil a los prestamistas británicos que cobran comisiones de hasta el 3% sobre las transacciones en moneda extranjera. Los ejecutivos de los bancos están preparados para un ataque similar en las hipotecas, donde los prestamistas tienden a cobrar a sus clientes actuales tasas de interés más altas que las que ofrecen a los nuevos prestatarios.

Eliminar estas ineficiencias es bueno para los consumidores. Pero también eliminará los complejos subsidios cruzados que han evolucionado en la banca. Los prestamistas menos rentables son más vulnerables a los choques económicos y propensos a asumir riesgos. Un apretón en sus negocios más lucrativos también hará más difícil mantenerse al día con la innovación. Los analistas de UBS estiman que un grupo de 49 grandes bancos invirtieron el año pasado una suma combinada de casi 16.000 millones de euros en tecnología. El propietario de Google, Alphabet y Amazon, gastaron más que eso en investigación y desarrollo.

Mientras tanto, las nuevas empresas pueden convertirse rápidamente en sistémicas. Ant Financial, filial de Alibaba, representó casi un tercio de todas las nuevas titulizaciones emitidas en China en 2017, según el BPI. Yu’e Bao, el fondo del mercado monetario de 144.000 millones de euros administrado por una de sus filiales, es tan grande que los reguladores se preocupan por el efecto en los bancos y mercados si los inversores se apresuran a retirar sus fondos. Si Libra despega, su reserva de activos podría distorsionar rápidamente los depósitos bancarios y los mercados de bonos gubernamentales en todo el mundo.

El tercer reto es decidir si los grandes avances en tecnología son buenos o malos para la competencia. Los reguladores financieros han tendido a dar la bienvenida a las empresas de nueva creación en el sector bancario porque aumentan las posibilidades de elección y, al mismo tiempo, se preocupan por la reducción de las normas de concesión de préstamos. Pero las grandes empresas de tecnología pueden invertir esa lógica. Una investigación de BIS sugiere que Mercadolibre, el grupo argentino de comercio electrónico, tiene mejor información sobre la solvencia de las empresas que utilizan su plataforma que los bancos locales. Esto sugiere que ermpresas como Alphabet, Amazon y Facebook podrían utilizar sus datos existentes para hacer préstamos menos arriesgados.

Sin embargo, si estos gigantes eligen a los prestatarios o compradores de seguros más rentables, podrían terminar extendiendo su ya fuerte control sobre las vidas de los usuarios. Las normas de la Unión Europea que exigen que los bancos compartan los datos financieros de sus clientes con los nuevos entrantes –que fueron diseñados para estimular la competencia– podrían acabar consolidando un oligopolio ya de por sí poderoso.

Es cierto que ese dilema es menos agudo en los mercados en desarrollo, donde la mayoría de la gente tiene un teléfono móvil, pero menos tienen acceso a los bancos convencionales. Pero también señala un cuarto problema para los organismos de control: el reto de acordar un enfoque coherente. Los reguladores de los bancos han hecho un trabajo bastante bueno en mantener la igualdad de condiciones, a través de foros como el Consejo de Estabilidad Financiera, pero la aplicación de la ley en áreas como el lavado de dinero sigue siendo desigual. Los nuevos servicios transfronterizos como Libra podrían poner al descubierto grandes lagunas en el régimen.

Los reguladores financieros también se solaparán rápidamente con los organismos de control de la competencia y las autoridades de protección de datos, o se encontrarán con ellos, que están adoptando un enfoque más enérgico con respecto a las grandes empresas de tecnología. Y como esas empresas son casi todas estadounidenses o chinas, las tensiones geopolíticas se entrometerán necesariamente en los intentos de adoptar estos nuevos enfoques.

La buena noticia es que los reguladores son conscientes de todas estas cuestiones y están decididos a no cometer el mismo error que los medios de comunicación, que todavía están tratando de diseñar e imponer reglas en Facebook y otras plataformas de medios sociales mucho después de haber alcanzado una escala masiva. Sin embargo, aun quedan por delante muchas noches de insomnio.

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