Una Corte Cortenferma Y Descortés: Cortejo Fúnebre Para La Democracia.

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Asimilado el golpe y el mal trago, resulta pertinente hacer un examen sobre la administración de justicia y la famosa consulta ciudadana para juzgar a cinco expresidentes.

Más allá de la inconstitucionalidad de la solicitud —sumaria, palmaria, evidente, categórica y definitivamente demostrada en el proyecto sometido a la consideración del Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, por el Ministro Luis María Aguilar— y la defensa absurda del Presidente de dicho órgano, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, que se basa, dicho sucintamente: en un fárrago esdrújulo: «función atípica», de un órgano político-constitucional con el débito de permitir el juego democrático (sin entender que el asunto era más simple: imponer un lógico obstáculo, sobre la base del código último —con método jurídico, y no político ni cómico—, a un pícaro peripatético), es preciso hacer una evaluación objetiva de las consecuencias.

Primer absurdo: por mucha consulta y mucha participación popular, lo primero que habría que tomar en cuenta es la prescripción de la acción de la justicia; situación posible, y hasta probable, en tratándose de los presidentes Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo Ponce de León; quienes terminaron su gestión hace 26 y 20 años, respectivamente. O dicho de otra forma: a los únicos que les sería aplicable sería a los presidentes Vicente Fox Quesada, Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto.

Segunda consideración: de estos tres no es cosa de exculpar a los dos primeros, es solo que, de ellos, quien está más cerca de la acción de la justicia es el último; es decir, el expresidente Enrique Peña Nieto. Y al Presidente Peña, ahorrándose decenas de millones de pesos y largos meses de fatigoso esfuerzo de multitud de autoridades, podría llevársele a juicio con el auxilio de una sola persona a quien ya ni siquiera es necesario mandarlo traer. Me refiero, obviamente, a Emilio Lozoya Austin.

En efecto —esta es la tercera cuestión a tomar en cuenta—, la estricta aplicación de la Constitución y la Ley obligaría a que el exdirector de PEMEX fuera llamado a juicio de inmediato (sin ningún tipo de excusas) pues, el único delincuente, confeso por la comisión de graves delitos, es este personaje. Y el estatus de testigo protegido, por su naturaleza, solo debería servir para llamar a juicio a delincuentes de mayor peso que a quienes se ha visto hasta ahora: personajes de tercero o cuarto nivel vinculados solamente con la oposición. Así es, prueba de que la justicia en México, hoy por hoy, hace aguas por todos lados, es este criminal quien, como el hijo pródigo, celebra su retorno bebiendo botellas de vino a 25 mil pesos la botella y carcajeándose de las autoridades que lo mandaron traer ¡de a gratis! desde España.

La cuarta consideración está ligada a la anterior. Demostración palpable de la simulación y el juego perverso de AMLO es que en cuanto se sintió en el aire el amago de que a Peña Nieto lo tocaran con el pétalo de una denuncia —merced a las declaraciones del delincuente de Lozoya—, se filtró el video donde se ve a su carnal, Pío López Obrador (PILO), llenándose las manos con fajos de billetes; a lo que el tabajqueño respondió como Pepe Aguilar: con perdón y olvido.

En este clima turbio, el viernes pasado, en un alarde de memorable estulticia, un tal Enrique Quintana festejaba la resolución de la Cortesana, escribiendo que, a su parecer, se había logrado «uno de los éxitos más rotundos de este sexenio«; que AMLO había sufrido «una de sus derrotas más grandes«; y dando a entender que el máximo tribunal no debía «limitarse a considerar la constitucionalidad de las propuestas«. 

Las decisiones metajurídicas de la Corte sorprenden a los incautos y confunden a los idiotas.

Así es. «No nos corresponde ser una puerta cerrada, sino un puente» (Lelo lo dijo); y agregó que la Cortesana no podía: «guardar el derecho a la participación democrática«.

Con ese argumento, donde se prescinde del examen constitucional y se privilegia la «participación democrática» del pueblo, se abre la puerta de par en par a la Dictadura. Para un loco como el que nos desgobierna, que se siente llamado a encarnar las aspiraciones del pueblo, pretender reelegirse es el paso lógico en la construcción del Estado que sueña donde él, y solamente él (nuevo Fidel, nuevo Chávez, nuevo Ché), gobierna: pontífice, magnífico y ridículo. 

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Luis Villegas Montes. 

luvimo6608@gmail.comluvimo6614@hotmail.com 

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