Humariza, paraíso perdido

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La comunidad de Humariza se encuentra a 14 kilómetros de la cabecera
municipal: Nonoava. Para llegar existe un camino de terracería que cruza por
algunas sierras secas, siempre a la vera del rio Nonoava. El paisaje es
espectacular, lleno de vestigios de otras épocas, ruinas de viejas casas de piedra
y rastros de actividad agropecuaria, pero rara vez se encuentra en el camino a
otras personas. Para legar hacen falta aproximadamente una hora y media.
El Centro INAH Chihuahua, se ha encargado de investigar esta comunidad a
través de su área de antropología y de bienes muebles, a cargo de César de la
Riva que nos recuerda que, como ranchería tarahumara, Humariza data de 1641,
pero como misión jesuita no fue establecida sino hasta después de 1678. El
visitador Ortiz informó que el Partido misional consistía en un pueblo de cabecera
que era Nonoava y un pueblo de visita que era Paguarichic, pero que había un
“buen número de gentiles que piden el bautismo en un lugar llamado Humarisac,
donde ellos piden la ayuda del señor y esperan establecer un pueblo cristiano”.
Según los datos que proporcionar Roca, Humariza pudo haber sido fundado como
pueblo de misión después de la visita de Ortiz. Y Jáquez, quien escribió una
historia del partido 66 años más tarde, mencionó que Humariza había sido
organizado por el Padre Ignacio de Loyola. Roca también afirma que Luis
González Rodríguez mencionó que el pueblo fue cristianizado por Francisco
Arteaga, el cura de Nonoava y Bernardo Rolandegui. Sin embargo, también afirma
que Rolandegui solo estuvo aquí brevemente y que Humariza no tuvo nunca un
clérigo residente, al grado que en la primera parte del siglo XIX se reportó como
nunca visitada por los misioneros.
Diversas minas fueron descubiertas en la periferia del poblado en 1695, lo que
probablemente ocasionó, al decir Roca, un probable crecimiento poblacional.
En 1725, se reportó la existencia de 100 familias asentadas junto a una pequeña
capilla construida por Arteaga, Rolandegui o Loyola, además de una iglesia de
buen tamaño que se encontraba en construcción. Sin embargo, al momento de

la visita del Obispo Pedro Tamarón y Romeral se certificó la existencia de un
poblado constituido por 60 familias compuestas por cuatrocientas veinte personas
El inmueble fue restaurado en el año 2016 por Misiones Coloniales A.C. y
FOREMOBA. Una inscripción en una de las vigas habla de otra intervención que
se realizó en el año de 1830 por el gobernador indígena José Ventura. La
inscripción dice textualmente “GOBERNADOR; JOSE; BENTURA; MAMARE;
MZO: 3. D.1830”, pero no dice si la intervención fue obra mayor, o fue solamente
la decoración de las vigas, hecha con la misma pintura de la firma. Aunque la
decoración ha desaparecido de casi toda la techumbre, hay rastros de un diseño
sencillo en colores rojo, negro y blanco.
En el interior del templo se resguardan objetos históricos, entre ellos, esculturas y
bienes inmuebles por destino. Los objetos son de factura diversa, dos piezas
parecen ser las más importantes para la feligresía, se trata de un par de esculturas
pequeñas que la comunidad guarda con celo y respeto, una Inmaculada
Concepción, ubicada en el muro testero, sobre una cornisa, al lado de otra
pequeña escultura que no pudimos identificar por tema. La escultura de la
Inmaculada es de un material muy liviano, tal vez caña, su estilo y decoración está
alejada de las proporciones clásicas, lo que nos parece que la pieza tenga más
interés porque la ubica en su lugar, un lugar muy lejos de la cultura clásica, que
presenta otras perspectivas y otras proporciones. Otro aspecto a destacar es el
parecido que tienen las piezas con otras esculturas que se identificaron en otras
comunidades lejos de Humariza, pero que tienen las mismas condiciones
históricas, nos referimos a la comunidad de Arisiachi, en el municipio de Guerrero.
Lo que nos lleva a preguntarnos si esas esculturas tan livianas y pequeñas fueron
traídas por los misioneros jesuitas, o franciscanos, que tuvieron contacto con esas
comunidades, o fueron hechas en la región por algún artista local que trabajó en
sitio y surtió algún tipo de demanda de imágenes cristianas en la región.
Todas estas imágenes están ya dentro del catálogo de bienes muebles del Centro
INAH Chihuahua, para su preservación.