Hace 40 años, la vida en México se medía en kilómetros caminados al mercado, en el tiempo que tardaba en espesar el frijol de la olla y en las risas de los niños jugando «avión» en la calle. Hoy, esa fotografía en blanco y negro parece de otro país. En cuatro décadas, hemos mutado de ser una sociedad de barrio a una de pantallas; de una mesa puesta con maíz a una invadida por el plástico y lo instantáneo.
Pero, ¿cómo llegamos hasta aquí? Y lo más importante, ¿qué ganamos y qué dejamos ir en el proceso?
El Estómago: De la Milpa al Microondas
En los años 80, ir a la «fila de las tortillas» era el primer ritual del día. La comida se guisaba, no se calentaba. La llegada del TLCAN y la fiebre global de los 90 lo cambiaron todo: las pizzas y las hamburguesas dejaron de ser un lujo para volverse la cena rápida de una familia con prisa. Hoy, nuestras alacenas están llenas de ultraprocesados, pero también vivimos una paradoja curiosa: nunca habíamos comido tan mal, y nunca habíamos estado tan obsesionados con la salud. El mexicano actual lucha entre el antojo de lo rápido y el miedo real a la diabetes.
La Calle: Se Apagó el Balero y se Encendió la Pantalla
Si pudieras viajar al pasado y gritar «¿dónde está el trompo?» en una colonia de 1985, media cuadra te respondería. Hoy, esa misma pregunta se responde con el silencio de las recámaras, donde los niños habitan mundos virtuales. La vida social migró de las bancas del parque a las mesas de los centros comerciales. La seguridad, el confort y el internet nos encerraron. Ganamos entretenimiento infinito, pero perdimos el «ahí te encargo» con el vecino.
La Familia: El Poder Adquisitivo se Comió la Sobremesa
El cambio más silencioso, pero el más brutal, ha sido en casa. La mujer, que antes era el pilar de la cocina y el hogar, se incorporó masivamente al trabajo. No fue solo por moda, fue por necesidad: con el salario del hombre ya no alcanzaba. Esto nos dio más poder adquisitivo, pero vació la agenda familiar. La mesa se volvió un lugar de paso, y la sobremesa, un lujo que ya no podemos pagar.
México ya no es el país que se tomaba el tiempo para vivir. Hoy somos una nación que corre, que pide por aplicación y que busca en los sabores de la abuela un consuelo que ya no sabe cocinar.
